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26 dic 2010

Felicitaciones de Navidad del jefe de Estado, del blanco y negro al color.


De mi adolescencia tengo algunos recuerdos de imágenes  de la España en blanco y negro, recuerdo un ambicioso joven Juan Carlos de Borbón a la vera de Franco y casi siempre vestido de militar, recuerdo cuando juró fidelidad al Movimiento y en los setenta cuando murió el dictador fue nombrado Rey (pasándose la sucesión de la corona por el forro de la avaricia de Juan Carlos I) por un Gobierno y un Congreso fascista  que temerosos de un futuro incierto se parapetaron detrás de una monarquía (sin monárquicos) para tener sus privilegios conseguidos a base de represión y terror social a buen recaudo, recuerdo cuando se inicia la transición y los monárquico-franquistas agazapados detrás del Rey nombran a Adolfo Suarez para digerir la defunción del antiguo régimen (obviamente no se podía mantener el franquismo sin Franco) y dirigir, manteniendo intactas las estructuras franquistas, el lavado de cara de la vieja estructura haciendo exitoso el dicho popular que se hizo famoso en la época: Que todo cambie para que todo siga igual, nacido del atado y bien atado.

Recuerdo también en los setenta a unos partidos de izquierdas que en sus señas de identidad ideológica y programática  tenían como irrenunciable “la República” (entre otras señas irrenunciables) como modelo de Estado, y que si bien con la situación social en España la izquierda no tenía la suficiente fuerza para hacer prevalecer sus ideas, el descontento social y la conflictividad sí que era lo suficientemente importante para no haber renunciado al menos a dar la batalla por unos mínimos, incluido el derecho a elegir un referéndum entre monarquía o República y sin obviar las prisas (que son malas consejeras) con que se firmaron algunos acuerdos por parte de la izquierda con los herederos de Franco, por aceptar una bandera a cambio de amnistía “para todos” (torturadores y torturados) y elecciones “libres” cuando lo justo (lo pensaba y lo pienso) hubiera sido en aras de dar ejemplo de que lo que se quería construir era una “democracia” era haber escogido una bandera y un himno nacional nuevos. Recuerdo que de aquellas esto me hizo pensar que esta claudicación nos traería lodos difíciles de depurar, junto a la aceptación de una Constitución muy decorativa e inútil, utilizada generalmente contra los intereses de la sociedad y que ha sido usada como herramienta para perpetuar los intereses monárquico-franquistas, una Constitución como un traje a medida de una casta y que es la culpable que hoy un juez que intentó cerrar las heridas del fascismo y dignificar el honor a los miles de asesinados por los fusilamientos sea el que ha acabado imputado.

Recuerdo desde que entró la televisión en mi casa mediados los casposos años sesenta a un Franco con su voz aflautada año a año deseándonos la católica, apostólica y romana Navidad rutinaria y mecánicamente con lo que le habían escrito en un papel los que vivían muy bien al abrigo de su régimen fascista, recuerdo a un Juan Carlos que le tomó el relevo y en todos estos años lo única diferencia es que la represión y el puritanismo fue cambiado por el lavado de cerebro masivo y que las imágenes antiguas en blanco y negro ahora son a color, pues el discurso aunque lo veamos en una BlackBerry sigue siendo el mismo. Mientras la familia real se lo pasa “real y ricamente” esquiando o de vacaciones por el mundo mundial comprando con el dinero de los impuestos de todos los españoles los regalos de navidad para su fecunda prole, el monarca nos regala lagrimas de cocodrilo ante los problemas de los trabajadores, autónomos, parados, pensionistas, jubilados y clases populares, y nos hace una cínica invitación a la resignación con la anual “sugerencia gubernamental” (que lo retrata como estatua parlante, reemplazable) con la recomendación “real” de que “sigamos a pies juntillas” las reformas antisociales del Gobierno y para lograr un “gran pacto” (¿para qué, para sellar los intereses de los privilegiados entre los que él se encuentra) para “salir solidariamente” de la crisis.

Recuerdo que en 1974 siendo muy joven pensé que el mejor modelo de Estado para España era una República Federal donde el jefe del Estado sea elegible por voluntad popular, hoy pienso lo mismo, y viendo la decadencia de la monarquía y la poca consistencia de la pareja heredera, Felipe, el que no ha pegado un palo al agua en su vida y Leticia, la aprendiza de Grace Kelly, creo que cada vez está más cerca la III. 

La imagen la he cogido de la entrada Juan Carlos I, el neoliberal (que recomiendo leer) en el blog de Cualquieravale donde aprovechando un 2x1 también he copiado el siguiente vídeo: 

 

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